BANQUETE DE DESPEDIDA EN EL ATENEO VIEJO ------------ La calle de la Montera bajaba ayer por la tarde, y al llegar á su comedio, sentí una mano posarse sobre mi brazo: paréme, volví á la izquierda el semblante, y entre la luz y la sombra, vi una anciana en pobre traje. Ya con tono indiferente iba á decir:--¡Dios le ampare!-- mas noté en su rostro rasgos de altivez y noble sangre. Nunca espléndida belleza debió, en tempranas edades, ostentar, pero de honrada mostraba claras señales. Su atavío era modesto, casi casi miserable, nada pulcro ni aliñado y anticuado en sus detalles Miróme un rato con ojos llorosos y agonizantes, y con voz doliente y dulce dejó escapar estas frases: --Abandonada me veo por los rendidos galanes, que otro tiempo con orgullo cruzaban por mis umbrales. En mí buscaban ansiosos premio á vigilias y afanes: yo les dí fama, laureles, puestos altos, nombres grandes. Por conseguir mis favores muchos lidiaron en valde, y en visitarme se honraban gentes de altas calidades, Cariñosa he acogido á cuantos á mí llegáronse, y siendo su intención sana, les sufrí hasta en sus dislates. He practicado el precepto de enseñar al que no sabe. paz di á las mentes inquietas, forjé fuertes amistades, aventé añejos prejuicios, profeticé nuevas grandes, tracé rumbos á la idea, y estudié abstrusas verdades. Hoy por pobre, oscura y vieja me dejais tú y otros tales, y olvidáis por moza bella a la que os sirvió de madre. De noveleros é ingratos pudiera en razón quejarme,, mas sé que lo viejo cansa y al suelo viene el adarve. Decid á mi sucesora. que no se engría y alabe, mientras no tenga una historia como yo puedo contarle. Que, por verse tan compuesta y tan bella no se ufane, pues mi crédito de honrada á ella procuró caudales. Decidla que nunca cierre sus puertas al que á ellas llame, siempre que traiga en el pecho por veneras lealtades. Y, por fin, que la deseo que dichosa vida alcance, y sirva fiel á su patria y por buena la señalen. Adiós! la vida me deja, y antes que extraños me acaben, celebrad, en mis vacíos salones, mis funerales-- Desapareció la vieja por un portalón muy grande. y entre apenado y confuso quedé en mitad de la calle. Os pareció bien el cuento? pues un premio amigos dadme: por la pobre casa vieja brindemos todos unánimes. G. Cerrajería