MEMORIA LEIDA EN EL ATENEO DE MADRID MEMORIA LEIDA EN EL ATENEO CIENTIFICO Y LITERARIO DE MADRID, EN LA JUNTA GENERAL DE 29 DE DICIEMBRE DE 1842 por el Secretario primero DON FERNANDO ALVAREZ MADRID: IMPRENTA DE D. FERNANDO SUAREZ, PLAZUELA DE CELENQUE, NUM. 3. -- 1843 SENORES: Los Estatutos del Ateneo previenen en uno de sus artícu- los, que al llegar el fin de cada año se dé cuenta en sesion estraordinaria de los trabajos hechos y de los adelantamientos obtenidos por esta corporacion científica: medida útil y acerta- da, que tiene por objeto alimentar el interés de los Señores socios, despertar en su ánimo nuevos estimulas para en ade- lante, y proporcionarles respecto de lo pasado satisfaccion y recompensa. Pero, Señores, despues de algunos años de tanto esplen- dor para el Ateneo, que era dado mas que sobrepujarlos ó igua- larlos, volver á ellos los ojos con harto sentimiento y noble envidia, no parecia obra fácil y hacedera teger un resúmen que, á pesar de lo áspero y tormentoso de la época, conser- vase íntegra é ilesa la elevada reputacion que acertó á con- seguir antes de ahora. Asi lo recelaba yo mismo temiendo sinceramente que este resultado naciese, despues de otras cau- sas, de haber sido mas puro y mas vivo, que feliz y atinado el celo de la Junta Directiva; pero esta idea desconsoladora se ha desvanecido, Señores sócios, al examinar sériamente --6-- vuestros dignos esfuerzos y útiles trabajos. La gloria es toda vuestra, nada revindica en ella la Junta á favor suyo, y esta consideracion me dá mayor holgura para bosquejarla con ma- tices alagüeños; porque no podrán achacarse á una vanidad infundada y pueril de nuestra parte, los elogios que á vues- tro merecimiento se le deben. El Ateneo, Señores, este asilo sagrado y apacible de las ciencias y las letras en España, esta reunion de hombres en su mayor parte profundamente consagrados al estudio, ha tenido la suficiente energía para elevar su ánimo desde la contemplacion de las miserias y desgracias que durante medio siglo van derramando hiel y amargura en las entrañas de un pueblo generoso, á la hermosa esperanza de mejores tiempos; que no siempre ha de vivir humillada, abatida, postrada co- mo en lecho de muerte sobre una hoguera de enconos y dis- cordias, la nacion hidalga que suministró en mas de una época páginas honrosas y eternas á la historia. El Ateneo haciéndose superior á una intolerancia mengua- da y suspicaz, porque todas las opiniones y todos los sistemas caben holgadamente en el campo neutral y generoso de la ciencia; apartando su vista de hechos pasageros y fugaces que desaparecerán tan rápidamente como huellas estampadas en movediza arena; íntimamente penetrado de que sus esfuer- zos y tareas debian dirigirse mas que á los intereses presen- tes, á los intereses venideros, mas que á la generacion de los hombres que hoy existen, á la generacion que se está formando en la amarga escuela de los desengaños, y en la noble enseñanza de los infortunios, se precavió de que en la instrucion se encierra la gloria, el poder y el porvenir de las naciones; meditó en que la inteligencia es el alma de las so- ciedades, que sin ella las sociedades son un cuerpo inerte, un cadáver frio, como lo es el cuerpo del hombre cuando el alma rompe los vínculos que le ligan á la tierra; y dijo: la instruccion será el objeto de mis afanes; yo derramaré so- bre la juventud española los tesoros de la instruccion y de --7-- la ciencia. ¡Grande y sublime propósito, que ha sido coro- nado por una realidad grande y sublime! Hay, Señores, ánimos débiles y asombradizos que recor- dando las negras semillas de duda, de impiedad, de subversion y de discordia arrojadas por algunos hombres eminentes de la última mitad del siglo XVIII en el vasto campo de las ciencias religiosas, morales y políticas, temen á la instruccion como un escollo, la designan como un elemento peligroso y acaso les contiene únicamente la fragil muralla de un escrupulo para que no canonizen la estúpida, y somera tranquilidad de la ignorancia: hay otros menos disculpables tal vez, porque no ha influido en sus convicciones la memoria abrumadora de grandes calamidades y desastres, que solo encuentran en el estrecho circulo de los intereses materiales el camino que puede conducir al engrandecimiento y á la prosperidad de las naciones: aquellos convierten á la ignorancia en un es- cudo contra la instruccion: estos la consideran como una cosa inútil; aquellos la rechazan: estos la desprecian. Pero unos y otros incurren en error y en extravío: á unos y á otros se les debe impugnar con igual fuerza. Es lastimosamente cierto que los hombres de colosales di- mensiones, los sábios que dieron impulso y señalaron cauce á la instruccion en la centuria precedente, á vueltas de grandes be- neficios, atrageron sobre la humanidad con sus doctrinas catás- trofes sangrientas y agitaciones convulsivas que han llevado por espacio de medio siglo la revolucion y la guerra por el mun- do. Es lastimosamente cierto que desmintiendo y aherrojando por un momento á la conciencia universal, se renegó en- tonces de Dios y se derribaron por el suelo sus altares, se blas- femó entonces de la Monarquía, y unos Tronos fueron com- batidos, y otros derrocados. Es lastimosamente cierto que el poder humano y el poder divino se desplomaron á la par; que la historia, las tradiciones, la conciencia, todo quedó hollado: todo quisieron cubrirlo con una lluvia de cieno, la rebelion y la impiedad; pero en vano, Señores; penétrese ligeramente --8-- bajo la corteza de esos acontecimientos pavorosos, hágase diseccion sin profundizar hasta las entrañas, de su cadáver formidable, y se encontrarán hondas razones de alabar á la Providencia y de reconocer su omnipotente y santo influjo en los destinos de los hombres. No; el sentimiento religioso no se habia extinguido en la conciencia de los impíos; el sentimien- to social latia siempre en los corazones de tigre de los nive- ladores revolucionarios; se había extraviado unicamente, y como en su sacrilego extravio hallasen un vacío inmenso, un abismo aterrador, satisfacieron al sentimiento de Dios, di- vinizándose á si propios: al sentimiento de la autoridad hu- mana, trasladando el poder de las manos antiguas á otras nuevas. De este modo hicieron pacto abominable el orgullo reformador y la conciencia religiosa de aquellos hombres: de este modo transigieron féamente su loca ambicion y los ins- tintos de sociabilidad que la tradicion y la historia habian encarnado en su cerebro á pesar de ellos. Pero una obra tan monstruosa, una alianza tan deforme no podia menos de derrocarse por su propio peso en medio de la reprobacion universal, sin escluir la de aquellos mismos que habian sido instantánea y pasageramente alucinados. El sentimiento de la divinidad y el sentimiento de la autoridad humana volvie- ron á presentarse á los ojos y á la conciencia de los hombres en toda su magnificencia y su pureza, y nuestro siglo meci- do en la cuna de un materialismo repugnante y amamantado entre revoluciones que encendieron la guerra y derramaron la inquietud por todo el orbe, conforme iba llegando á la madurez y á la esperiencia, sintió la necesidad de un Dios y lo encontró: quiso conciliar el órden con la libertad y halló en la institucion secular y venerable de los tronos el primer elemento para conseguirlo: Dios no abandonará ya el si- glo XIX á los errores de su infancia: la Cruzada contra los Reyes, que heredó del anterior, se ha debilitado, está es- pirando; y, Señores, estos beneficios á la instruccion son debidos, obra son de la inteligencia tales resultados. --9-- La Providencia permitió los desafueros de la impiedad para corregir la intolerancia y la rigidez del fanatismo: la Provi- dencia consintió el desenfreno de las revoluciones como cas- tigo y azote de las demasías de los Reyes, y luego los revo- lucionarios encontraron y encontrarán tambien en todas par- tes su azote y su castigo; pero, nunca desapareció ni desapa- recerá del mundo, forzoso es repetirlo, el gérmen de los principios consoladores sobre los cuales gira y descansa la existencia insondable y magnifica del hombre: la idea de Dios y la idea de la autoridad: el poder religioso y el poder social. Las ciencias y las letras han sido el instrumento de esta regeneracion consoladora: la mano poderosa que les ha dado impulso y direccion se oculta á nuestras miradas, pero nues- tro pensamiento penetra hasta su altura, y allí donde lo en- cuentra, se postra ante su nombre y le bendice, porque per- mitió que una instruccion sólida y pura redimiera los erro- res perniciosos y brillantes de otra instruccion extraviada, aunque en parte provechosa. A la instruccion, por tanto, lejos, muy lejos de re- chazarla se la ha de amar, Señores, con aquel amor inten- so, tranquilo, inefable que profesamos á las personas de quienes hemos recibido la existencia, porque la instruccion es tambien nuestra madre en el mundo literario, porque ella vela sobre nosotros incesantemente y prolonga en cierto mo- do nuestra frágil vida, asegurándonos una carrera honrosa y apreciable, reputacion entre nuestros contemporáneos y glo- ria para la posteridad. Verdad es que el talento, sobre todo en ciertos génios privilegiados, es por si solo capaz de gran- des cosas, pero la instruccion le consolida, le embellece, le presta cierto relieve y magestad, á la manera que el diaman- te mas puro recibe de mano del lapidario adornos extraños que aumentan su brillantez y galanura. Yo sé bien que las grandes verdades, las verdades que constituyen principios fundamentales y eternos, están enla- 2 --10-- zadas por medio de vínculos estrechos, independientes del querer y de la instruccion de los mortales, sé que es dificil alterarlas por largo tiempo y borrarlas, imposible; sé que la inteligencia de los hombres no las ha creado y que existen en la razon universal, ora las veamos, ora cerremos los ojos á su luz; pero no puede negarse que el hombre sólidamente instruido las conoce con mas claridad, las grava en su con- ciencia de un modo indeleble, las esplica con lucidez irresistible, y ayuda poderosamente de este modo á que los demas las vean, las conozcan y respeten. Por eso entende- mos que la instruccion es laudable y necesaria, y que las corporaciones cientificas dedicadas á la enseñanza pública y gratuita ejecutan una accion buena y meritoria. Estas reflexiones bastarán á satisfacer á los que fijándose con ánimo estrecho en una sola época, miran con cierta ti- midez y recelo su influencia; acaso sean menos dóciles los que despreciando las tareas del entendimiento, anteponen á todo los intereses materiales. Se ha creido, Señores, que haciendo á las naciones me- tálicamente ricas, es una cosa secundaria y fútil que lo sean en instrucccion y educacion, en moralidad y en ciencia: el gigante de la industria con los cien brazos de sus máquinas pretende absorver en los talleres á la humanidad entera, y apoderándose de los hombres desde su infancia, los debilita, los embrutece, los degrada, y consume en ellos prematura- mente una vida de esclavitud, de enfermedad y de miseria. ¡Deplorable condicion la nuestra que no sabe tornar á la verdad sino despues de haber apurado hasta las heces la copa de la exageracion y del error! Ayer (porque los siglos en la historia del mundo son un dia) ayer se aherrojaba la indus- tria, se ligaban sus pies y sus manos, se la ahogaba entre limitaciones y preceptos, y hoy se la antepone á todo, se la proclama dominadora del Orbe, se la diviniza y rinde culto. La ruda opresion de ayer, y la facticia apoteosis de hoy presentan igualmente á nuestra visla un gérmen de desastres y un dislate. --11-- Los intereses materiales son inuy atendibles; pero no lo son esclusivamente, no lo son de preferencia: la materia no puede disputar al entendimiento su noble y antigua pri- macía. ¿Qué seria de la materia sin el espíritu que la alienta y vivifica? Por haberse dejado arrastrar de consideraciones me- ramente terrenas y mundanas, incurrieron ciertos filósofos de un talento colosal y de una audacia aterradora en lamentables y monstruosos estravios: negaron las leyes eternas é inmutables que nos rigen; borraron de la ciencia y de la historia las máximas seculares y las verdades absolutas; donde no se atrevieron á fulminar la negacion, la sustituyeron con la duda, y desde entonces la voluntad humana, la soberanía de los hombres alzó fiera y orgullosamente la cabeza en la reli- gion, en la moral y en la política. Lo que sucedió despues no debo yo decirlo: cada uno de vosotros lo tiene profunda- mente gravado en su memoria. Es ya preciso, Señores, es ya indispensable desandar el camino errado del materialismo, y es consolador decirlo, há- cia este objeto se dirigen en Europa los esfuerzos de los hom- bres eminentes en las ciencias: es ya preciso refugiarnos de nuevo en la verdad religiosa y filosófica, en las ideas eternas de justicia, de lógica, de razon y de moralidad que son, Se- ñores, á la vez la poesia del mundo y el génio de las gran- des cosas; y puesto que la instruccion hizo ateos y materia- listas, es necesario que la instruccion haga cristianos y res- tituya á la inteligencia sus derechos. En los tiempos que corremos todas las luchas posibles son luchas de inteligencia y de sabiduría: los intereses inte- lectuales y morales, los intereses del alma son los primeros intereses del mundo y el medio mas seguro de labrar la ver- dadera prosperidad de las naciones. Inmensa tarea es sin em- bargo la que someramente vamos indicando: inmensa, Se- ñores, porque hay que alcanzar de la religion, la impiedad helada del escepticismo; de la historia, una falsificacion au- daz y vergonzosa; de la política, sofismas y exageraciones; de --12-- la literatura, inmoralidad y perversion; de las artes, la ri- gidez y la dureza de los intereses materiales; inmensa es la tarea, Señores, pero gloriosa y magnifica tambien. Nunca estan las naciones mas proximas á su decadencia y envilecimiento, suponiendo que desdeñen la inteligencia y la repugnen, suponiendo que se encierren en el circulo estrecho y mezquino de la industria, que cuando rayan en el último linde de su prosperidad material y su riqueza: abrid, Señores, la historia de los pueblos y leereis en ella con leves y marca- das excepciones que los adelantamientos intelectuales y la en- tidad espiritual de las sociedades, constituyen su gloria y su grandeza, y ensanchan los límites de su duracion y su exis- tencia. Quizá dejé correr la pluma demasiado en unas considera- ciones que bastaba indicar como de paso; pero sirvame de escusa lo agradable que es para mí contribuir en algun modo á que vuestros esfuerzos y trabajos sean tan conocidos y apre- ciados como es justo. Digno fruto y resultado de ellos son los adelantamientos obtenidos por el Ateneo durante el año á cuyo fin tocamos. Los pormenores á que es indispensable descender para suje- tarlos de un modo exacto y fiel á vuestro exámen nunca pueden ser áridos y enojosos, sino por el contrario del prime- ro y mayor interés para nosotros. El número de sócios se ha aumentado en la lenta progre- sion propia de un establecimiento que encerraba de antema- no casi todas las personas distinguidas por su amor á las le- tras: no he creido con todo inoportuna la comparacion del que hoy existe con el que hubo respectivamente en los años anteriores. Año de 1836................ 295. Año de 1837................ 311 Año de 1838................ 334. Año de 1839................ 495. --13-- Año de 1840................ 508. Año de 1841................ 514. Año de 1842................ 529. En cambio nunca ha ascendido á tanto el número de au- sentes, con especialidad en la temporada de verano: la cla- sificacion de los Señores sócios bajo este aspecto en la ac- tualidad es la siguiente: Sócios presentes........... 286. (de pago 263). Ausentes................... 243. ---- Total............... 529. ---- Esta circunstancia ha influido, como es natural, en la recaudacion de fondos que aun siendo en este año muy infe- rior á la de los pasados, hubiera bastado á sufragar los gastos del establecimiento á no haberse visto la Junta de Gobierno en el caso de emprender algunas obras y mejoras de impres- cindible necesidad para la casa. El alcance que resulta, antici- pado generosamente por el Señor Depositario, es de todas maneras de corta consideracion, y podrá saldarse en los pri- meros meses del año entrante, atendidos el número de sócios que ha regresado en los dos últimos meses y el exce- lente método que respecto del órden interior y económico se ha seguido siempre en esta corporacion, cualesquiera que hayan sido los sugetos encargados de su direccion y ré- gimen. Las obras á que acabo de aludir han sido varias: ocupa el primer lugar entre ellas la reparacion y embellecimiento del Gabinete de lectura. Siendo esta la parte de casa mas ge- neralmente frecuentada por todos los Señores sócios, estimó la Junta oportuno darle preferencia. Se cambió el antiguo alumbrado, mezquino para el ornato y molesto para los lecto- res, por otro nuevo en el cual ha logrado reunirse la elegan- --14-- cia de la forma con la ventaja de una considerable economía y se adornó ademas aquel salon como aconsejaba el decoro del establecimiento y la comodidad de los Señores socios. Afor- tunadamente no me está vedado aplaudir el celo de mis res- petables colegas en la Junta de Gobierno, y en especial el buen gusto de los Señores Consiliarios, porque no habien- do tenido en esta mejora la mas mínima parte, me asiste el indisputable, aunque triste derecho, de juzgar sin parcialidad y sin pasion acerca de ella. El derribo de la casa inmediata que alcanzó á todo el lien- zo de pared correspondiente á la Biblioteca y al Gabinete de física, ha aumentado tambien la suma de gastos extraordina- rios y eventuales. Aprovechó sin embargo la diligencia de mis compañeros en la Junta esta ocasion para hacer algunas reformas y reparaciones en las dos oficinas, especialmente en la Biblioteca, que de todos modos las habia menester, sien- do el mismo con escasa diferencia el desembolso, una vez re- movidos los estantes. Asi se ha conseguido que los libros es- ten custodiados mas esmeradamente y con mayor comodidad que hasta ahora. El alumbrado de esta pieza, tambien muy frecuentada, se ha mejorado en iguales terminos que el del gabinete de lectura. En la sala de conversacion se han practicado por último los reparos necesarios á fin de hacerla mas cómoda y abriga- da para la estacion presente. Omito de propósito algunas otras obras de menor consideracion por disminuir la pesadez que no es posible evitar en materias semejantes, y para que no se me tache de cierta como complacencia y vanagloria al formar la relacion, que me encomiendan los Estatutos, de útiles adelantamientos; en los cuales, debo repetirlo, no he tenido parte alguna. De la Memoria formada por el Sr. Bibliotecario, que se leerá despues, resultan los trabajos hechos para la formacion de los índices; las obras con que se ha enriquecido la bi- blioteca, algunas regaladas y compradas las demas, y la no- --15-- ta de los periódicos españoles y estranjeros existentes en el gabinete de lectura. El estado de la instruccion, objeto principal del Ateneo, es afortunadamente muy satisfactorio. Diez cátedras habia en el año anterior; diez y nueve se han establecido en el actual, la mayor parte de las cuales se han abierto ya, debiéndolo hacer las demas al comenzar el mes entrante. Ilústranse en ellas por hábiles y acreditados profesores los ramos mas importantes de la ciencia: la enseñanza de las lenguas vivas y muertas, llave de la generalidad de los co- nocimientos humanos, el estudio de las bellas letras y de la elocuencia, la descripcion geográfica del globo, la esplica- cion de los secretos de la naturaleza y de las reglas mate- máticas, las investigaciones profundas de la filosofía, las pro- vechosas lecciones de la historia, el exámen detenido de la legislacion y de la economía política, los útiles descubrimien- tos de la fisiologia y las palabras consoladoras de la medici- na, forman el satisfactorio conjunto de la sólida instruccion que proporciona el Ateneo. La esplicacion oral, adoptada por la mayor parte de los profesores, contribuye á dar á sus lecciones vida color y mo- vimiento y á que se graven hondamente en la imaginacion de la juventud estudiosa que las oye; al paso que la lectura de disertaciones escogidas fija la reflexion de los concurren- tes en el esmero y en la conciencia con que estan escritas. La asistencia á las cátedras, en la cual se notan entre una juventud brillante y aplicada, alguna frente madura y mas de una cabeza encanecida, sigue siendo tan numerosa como en los años anteriores, y aun tiene la Secretaria la satis- faccion de asegurar al Ateneo que este año es mayor el nú- mero de los matriculados y de los que han solicitado ser admitidos como oyentes. Vuestros trabajos, Señores Catedráticos, son mas bellos y mas dignos de alabanza, porque son desinteresados, por- --16-- que son generosos y gratuitos, si bien recogeis como el mas halagüeño de los premios, dos recompensas de muy subido precio: la gloria que adquiere vuestro nombre y el agrade- cimiento entrañable de los que reciben de vosotros la luz de la instruccion y de la ciencia. Las Cátedras establecidas son: Administracion....... D. Miguel Puche y Bautista. Aleman............... D. Julio Kün. Árabe................ D. Serafin Estébanez Cal- deron. Economía política.... D. Eusebio Maria del Valle. Elementos de Arqueología uni- versal............... D. Basilio Sebastian Caste- llanos. Elocuencia forense y parlamen- taria................ D. Fernando Corradi. Filosofía eclectica.. D. Tomás García Luna. Fisiología........... D. Jáime Salvá. Fisiología........... D. Francisco José de Fábre. Historia de la civilizacion de España............... D. Fermin Gonzalo Moron Historia del Gobierno y de la legislacion de España D. Pedro José Pidal. Legislacion.......... D. Joaquin Francisco Pa- checo. Literatura española.. D. José de la Revilla. Matemáticas.......... D. Alfredo Adolfo Cámus. Medicina............. D. Enrique Lazeu. Medicina legal y forense D. Bartolomé Obrador. Propiedad del idioma griego. D. Saturnino Lozano y Blas co. Propiedad de la lengua france- sa................... D. Mariano Nicolás Perez. Zoologia............. D. Juan Mieg. --17-- Las secciones han contribuido tambien con sus conferen- cias semanales al aprovechamiento y esplendor del Ateneo: pero temiendo dar demasiada estension á esta Memoria, me limitaré á hacer una ligera indicacion de sus trabajos. La primera seccion encargada del exámen de las ciencias morales y políticas ha empleado sus sesiones en la ilustra- cion de varios problemas interesantes de Economía política y social por el órden siguiente: ¿Qué lugar ocupa la economía política entre los conoci- mientos morales y políticos del siglo XIX? ¿Es una verda- dera ciencia? ¿Cuál es su autoridad en los momentos ac- tuales, cuál será en el porvenir? La aplicacion de la libre concurrencia á la industria tal como hoy existe ¿es útil ó nociva? ¿La libertad de Comercio es provechosa ó perjudicial para la España? Exámen del socialismo y del individualismo: inconvenien- tes de estos dos principios considerados cada uno de por sí y aisladamente: ventajas que podrian resultar de combinarlos y acordarlos de una manera prudente y racional. Ocioso es decir que en la discusion de estos temas impor- tantes han campeado la critica séria y mesurada, la profun- didad de conocimientos, la imparcial apreciacion, y el buen gusto en el decir, vinculado patrimonio de una seccion que hace honor al Ateneo por la clase de personas que la componen, y por la trascendencia de los debates á que se consagra. Las secciones segunda y tercera, reunidas de comun acuerdo para el objeto de sus trabajos por la relacion inti- ma de las ciencias naturales y físico matemáticas que for- man su instituto, no han podido desgraciadamente dedi- carse en el año actual á las tareas científicas que les estan encomendadas en nuestro reglamento con la asiduidad y detenimiento de costumbre por enfermedad de algunos de sus individuos, ausencia de otros y ocupacion de los de- 3 --18-- mas. Han empleado con todo, no sin fruto, estas dos sec- ciones el escaso número de conferencias que les ha sido posi- ble celebrar en la discusion de los temas que á continuacion se espresan: ¿Son ó no suficientes los signos exteriores para conocer las tendencias morales de los individuos? Estado de la mineralogía y de la geologia en España: necesidad de que el Gobierno adopte medidas eficaces para facilitar el estudio de estas ciencias: causas que impiden su progreso entre nosotros. La seccion de literatura y bellas artes, cuarta y última en el órden fijado por el Reglamento, pero una de las prime- ras en utilidad y en importancia, merced á los distinguidos literatos que cuenta en el número de sus recomendables indi- viduos, ha sostenido tambien con aplicacion y esmero la buena reputacion del Ateneo. El órden con que ha discutido las Materias de su compe- tencia es el siguiente: Determinacion y exámen de los verdaderos caracteres de la poesía española. Influencia de los ingenios andaluces en nuestra poesía. En el estado actual de nuestra literatura, y atendidas las circunstancias morales y políticas de España ¿puede haber un teatro verdaderamente nacional? Exámen del influjo que ha egercido la literatura clásica en la literatura europea de los tiempos modernos. Los Señores sócios que han asistido á estas brillantes y amenas conferencias, dechado de buen gusto, honroso tes- timonio de sólidos estudios en la literatura española y extran- jera, y muestra consoladora de que se hacen esfuerzos ven- turosos por conservar en todo su vigor y lozania á la anti- gua, rica, elegante y armoniosa lengua de Castilla, no es- trañarán que tengamos una satisfaccion íntima y viva al ofre- cerles como escasa, pero sincera recompensa, nuestro pobre aplauso. --19-- Hasta aquí, Señores, he desempeñado una tarea satisfac- toria y grata enumerando las ventajas obtenidas por nuestra corporacion en el año que fenece: réstanme ahora tristes y penosos deberes que cumplir. El Ateneo de Madrid ha sufri- do grandes y sensibles pérdidas en las personas de algunos de sus sócios. Cuentanse entre ellos el Excmo. Sr. D. Pedro Agustin Giron, Duque de Ahumada, el antiguo Mariscal de Campo D. Juan Palarea, y los Señores D. José Maria Pan- toja y D. Antonio Aquilino de Aguilera, dignísimos oficiales del Ministerio de la Gobernacion en otra época. Militar ins- truido y valiente el Duque, atinado estadista, leal y pundo- noroso caballero; General infatigable y cargado de serviciós el malogrado Palarea, de una firmeza inflexible en épocas difíciles de mando, idólatra de su patria, fenecido en la per- secucion y en la desgracia; empleados celosos los Sres. Agui- lera y Pantoja, dotados de ilustracion y de conocimientos en el ramo administrativo á que pertenecieron, hombres severos y probos por carácter, han dejado en nuestra estimacion y en el catálogo de nuestra sociedad un vacío que no podrá llenarse fácilmente. Depongamos, Señores, sobre el sepulcro de estos varones respetables el honroso testimonio debido al mérito, á la amistad y á la memoria de sus virtudes que, muertos ellos, existe entre nosotros. Circunstancias deplorables, cuya consideracion es entera- mente agena del Ateneo como cuerpo científico, nos han ar- rebatado con harto dolor nuestro el tributo de luces y talen- to que rendian á su esplendor y fama personages de alta ce- lebridad en nuestros fastos literarios. Dos años son contados desde que no concurren á aumentar el brillo é interés de nuestras conferencias sus voces elocuentes, escuchadas siem- pre con avidez y religiosa atencion entre nosotros. Séame li- cito, Señores, hacer fervientes votos porque los restituyan á nuestro seno, y los devuelvan á su patria, una fortuna ad- versa y una tierra extraña. Al dar fin, Señores sócios, á esta pálida reseña de vues- --20-- tras utiles tareas, siento un verdadero placer en recordaros que entre vosotros se encuentran los nombres distinguidos de los que han adquirido una reputacion merecida en las ciencias y en las letras: entre vosotros tambien los que se afanan por alcanzarla, imitando el noble ejemplo y marchan- do en pós de tan ilustres huellas; pero la humanidad os dice al mismo tiempo por mi lábio que la gloria literaria impo- ne deberes sagrados y entusiastas como ella: á vosotros, Señores, incumbe derramar á manos llenas en medio de la incertidumbre que extravia los ánimos y de la debilidad y apocamiento moral que los abruma, la luz de la instruccion y de la ciencia; á vosotros incumbe un apostolado magnifico, el de predicar con la fé viva de los mártires, que la religion, la moral y el órden público son necesidades eternas para los pueblos y los únicos apoyos en que se asientan sólidamente los Estados: á vosotros incumbe profetizar con voz inexora- ble que cuando aquellos principios fundamentales son ho- llados, dominan en el mundo con su cetro de hierro, pero dominan pasageramente, el crimen, la impiedad y la anar- quía. Madrid 29 de diciembre de 1842.