Novedades diciembre 2004
Nuevos contenidos
en la biblioteca digital: las actas del Ateneo

El sábado
31 de Octubre de 1835 la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos
del País celebró una junta extraordinaria para tratar la propuesta
que unos días antes hiciera uno de sus socios, Juan Miguel de los Ríos,
"dirigida a establecer un Ateneo científico y literario que contribuyera
a entender y consolidar la ilustración general, y recordando los recomendables
servicios del que honró a esta capital en el glorioso trienio de 1820
a 1823". Con el acta de aquella junta empieza el primer volumen de actas
del Ateneo, que se han empezado a digitalizar y transcribir en diciembre, y
que dan cuenta del proceso de constitución de la Docta Casa y de sus
primeras actividades. Por el momento se han digitalizado 26, con un total de
142 páginas. Sin embargo, dada la dificultad del proceso de publicación
(dado que son actas manuscritas y hay que transcribirlas), de momento sólo
están disponibles las primeras: la de la Matritense que se cita más
arriba, las de la llamada Comisión del Ateneo, y la primera del Ateneo
propiamente dicho, una vez constituido.

En 1873 la mina onubense
de Río Tinto fue privatizada en favor de la compañía
británica Matheson & Co., que comenzó una explotación
a gran escala de la misma para extraer el cobre. El mineral de la mina se
calcinaba al aire libre para poder transformar los sulfuros de hierro y cobre
en sulfatos, que, disueltos en agua, daban el medio de separar el cobre, cuenta
en una conferencia el ingeniero Daniel de Cortázar. Era éste
un medio barato de extraer el metal que sin embargo causaba perjuicios a los
campos de los alrededores, ya que las calcinaciones lanzaban a la atmósfera
grandes cantidades de ácido sulfuroso que caía sobre los campos
en forma de ácido sulfúrico. Este es probablemente uno de los
documentos más antiguos sobre la lluvia ácida, aunque todavía
no emplee esta expresión. La contaminación de los campos fue
el origen de una gran polémica que enfrentó a los agricultores
con la compañía minera y a los ayuntamientos de la zona, defensores
de aquéllos, con el gobierno del Estado, defensor de los intereses
de ésta. Una Real Orden de 1879, que Cortázar cita
in extenso,
quiso zanjar la polémica planteando la cuestión en los siguientes
términos:
Se trata de un conflicto que en una región determinada ha
surgido entre dos industrias, la agrícola y la minera [...]. Entre
dos industrias que han llegado á ser incompatibles en una región,
hay que optar por la más importante [...]. Los establecimientos de
Tharsis y Río Tinto, contribuyen á los gastos del Estado y de
la provincia con 1.433.594 pesetas anuales, y los 17 pueblos que comprende
dicha parte, pagan por el concepto de inmuebles 307.438 pesetas al año,
de manera que las referidas dos Empresas satisfacen por sí solas más
de un millón de pesetas más al año que toda la industria
agrícola.
El razonamiento, calcado de dictámenes similares en otros países
europeos, no es muy distinto del que se ha venido aplicando hasta hoy en día,
aunque en aquellos entonces se planteaba en toda su crudeza, sin envolturas
ni concesiones formales a una protección del medio ambiente que tampoco
aporta nada a los gastos del Estado.
Preguntemos á un millonario y á un proletario cómo dispondrían
su vivienda respectiva dentro del presupuesto de su renta ó jornal para estar
completamente á gusto, sin ser molestados por los demás vecinos de la ciudad.
[...]
Á mí -dice el pobre- me molesta el ruido
de las fiestas y diversiones de mi vecino, cuando el pan escasea en mi casa.
Además, tengo que subir muchas escaleras, y mi vivienda es tan estrecha
é incómoda, que más parece ataúd ó jaula,
que habitación. En una choza ó casucha de un solo piso, dividida
en tres ó cuatro habitaciones, en medio de un terreno de 300 ó
400 metros cuadrados, para jardín, corral y taller, viviría
contento, lejos de la taberna y de peligrosas compañías; [...]
El rico, á su vez, exclamará: -Me compadezco de los desgraciados,
y los socorro cuanto puedo; pero me enojan y entristecen, cuando estoy alegre,
la vista y el contacto de los andrajos de la miseria mal oliente.
La solución a los problemas de ambos es, evidentemente, la de la
ciudad
lineal, "la más perfecta de las ciudades modernas", cuyas
virtudes explica Arturo Soria en esta conferencia buscando una simpatía
hacia el proyecto que se traduzca en el capital necesario para llevarlo a cabo.
Un folleto sobre arquitectura racionalista que complementa el que veinte años
más tarde escribió Hilarión González del Castillo
(
Ciudades jardines y ciudades lineales),
más extenso, alabando la Ciudad Lineal que, ya sí, se estaba constuyendo
al este de la capital. El resultado, sin embargo, finalmente sólo se
pareció a medias al proyecto inicial de Arturo Soria. Curiosamente, la
ciudad lineal más ajustada a los planos de Soria se construyó
en los años treinta a mucha distancia de su antecesora madrileña:
en Stalingrado, siguiendo el curso del Volga.
Y además...
Federico Olóriz,
Recuerdos de una
visita a la colonia escolar fundada por D. Andrés Manjón
Alfonso Ruiz,
El matrimonio de los militares
Baldomero Villegas,
Cervantes, luz del
mundo
Rafael Doménech,
Las bases de
la estética decorativa
Elías Tormo,
El arte español
en los museos de la Europa central y oriental
Gonzalo Cerrajería,
Banquete
de despedida en el Ateneo viejo
Luis Augusto Arcay,
Rómulo Gallegos,
imagen y trayectoria de su obra
Blanca de los Ríos de Lampérez,
De
Calderón y de su obra
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