ATENEO DE MADRID

2006

 

 

 

 

 

 


Exposiciones enero 2006

SALA DE EXPOSICIONES
Sala Santa Catalina. C/ Santa Catalina 10.
De lunes a viernes de 17 a 21.00 horas.
Cerrado fines de Semana
Sección de Artes Plásticas
Sala Santa Catalina.

EXPOSICIÓN DEL PINTOR

MARCO MARTÍNEZ
Del 10 al 27 de enero
Inauguración: MARTES, 10 DE ENERO, 19:30 h.

De la complejidad, sutilidad de lo evidente La obra de Marco Martínez posee un alto grado de complejidad, en el sentido de vislumbrar posibilidades circunstanciales de la propia forma, que se transforma en independiente, que se vehicula hacia considerandos poli-culturales derivados de lo cromático. No hay evidencia específica, sino un todo abstracto, ¡cónico, con reminiscencias, con fundamentos de culturas de un pasado remoto que se transforma en actual, que se estructura sobre la base de postulados enraizados en la propia efervescencia, en el sentido unitario, en el aspecto circunstancial. Hay un hilo narrativo que surge de las profundidades del concepto, en el sentido de ser la respuesta adecuada al momento preciso, al instante determinado, al fenómeno de lo paradigmático.

Capta lo sutil porque hay fuerza de la pintura, como expresión final de la energía más construida, que sobre sale entre las situaciones de lo insinuado, Como preparándose a partir de presencias que se encuentran instaladas en la propia idiosincrasia de lo evidente, Lo evidente existe porque parte de la porción de la realidad que nuestros perciben, pero, también hay unas ciertas variaciones que se transforman de manera continua, de forma constante, con la mirada puesta en el cambio, en la posibilidad devolver a escribir la historia. Hay una evolución consecuente que parte de lo inespecífico, que es producto de la dinámica de la materia y también existe la posibilidad de transformarse en otras idiosincrasias a partir de la propia negación de una sola idea de realidad. Es decir que plasma signos de culturas primitivas porque son como ¡conos que nos conducen a otros mundos; refleja la concepción abstracta por sentido común, producto de una visión cosmopolita, sin dirección de terminada, dado que es las energías diferente que se definen así mismas.

Constatamos una porción de verdades encerradas en la propia verdad entendida en mayúsculas, considerada como el gran ente universal que nos permite trascender.
Existe la verdad a partir de la negación de lo unidireccional. No somos subjetivos, si no que nuestra conciencia es única, distinta, armónica, posicionada al margen de los agrados y ala vez relacionada con la espiritualidad.
No plasma la evidencia, si no la complejidad de las cosas, la heterodoxia de las-energías, la confluencia vitalista y catapulta las utilidad de lo evidente, en aras del cambio, de la franqueza en viajar a otros mundos, porque existen aun que no lo veamos.
La complejidad es concreción, porque todo tiene un porqué, una causa y su correspondiente efecto.

La vida no es unidireccional, no consiste en una serie de reacciones unilaterales, siempre tiene en cuenta el todo, dado que la suma de energías es la forma la gran energía. De ahí que 1 a pintura de Marco Martínez evoluciona hacia postulados de una gran estructuración, en lo que más simple surge de la propia falta de visión de lo lateral. Hay que integrar de manera cosmopolita la posición más estructurada, en el sentido de alcanzar visión sutil a partir de la prodigalidad de materia y forma, con incidencia del color, nutrido de sensualidad. Plasma la variabilidad de lo superfluo, la persistencia de la memoria en lo recurrente. De ahí que se sumerja en la finalidad de las cosas, en la trascendencia de la vida pictórica, en las utilidad común de lo intuido que descansa en la propia fuente contenida en los vericuetos de la libertad. No hay razonamiento inherente, horizonte elegante, si no concepto en si mismo, que descansa en su propia raíz, aquella que nos permite recuperar instantes del pasado perdidos, momentos emplazados en voluntades que viajan a través de conductos distintos de los ortodoxos, es decir de paralelismos que se sitúan a partir de la propia efervescencia de la vida. No tiene una clara intención de asumir vida, sino de constatar hacia donde se dirige realmente el laberinto que nos conforma. La materia es organicidad, los signos son cultura, la unidad de ambos conforma el espíritu que todo lo conduce, porque en la pintura de Marco Martínez descansa la visión más grande, precisa y evidente de lo laberíntico.
La existencia es como las caras de un dado que cambian según la posición que adopta debido ala energía empleada por el interviniente. La pintura del creador sudamericano cambia según la visión del espectador. Todo es problema de energías.

Joan Lluís Montané
(De la Asociación Internacional de Críticos de Arte)

 

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