De
la complejidad, sutilidad de lo evidente La obra de Marco
Martínez posee un alto grado de complejidad, en
el sentido de vislumbrar posibilidades circunstanciales
de la propia forma, que se transforma en independiente,
que se vehicula hacia considerandos poli-culturales derivados
de lo cromático. No hay evidencia específica,
sino un todo abstracto, ¡cónico, con reminiscencias,
con fundamentos de culturas de un pasado remoto que se
transforma en actual, que se estructura sobre la base
de postulados enraizados en la propia efervescencia, en
el sentido unitario, en el aspecto circunstancial. Hay
un hilo narrativo que surge de las profundidades del concepto,
en el sentido de ser la respuesta adecuada al momento
preciso, al instante determinado, al fenómeno de
lo paradigmático.
Capta
lo sutil porque hay fuerza de la pintura, como expresión
final de la energía más construida, que
sobre sale entre las situaciones de lo insinuado, Como
preparándose a partir de presencias que se encuentran
instaladas en la propia idiosincrasia de lo evidente,
Lo evidente existe porque parte de la porción de
la realidad que nuestros perciben, pero, también
hay unas ciertas variaciones que se transforman de manera
continua, de forma constante, con la mirada puesta en
el cambio, en la posibilidad devolver a escribir la historia.
Hay una evolución consecuente que parte de lo inespecífico,
que es producto de la dinámica de la materia y
también existe la posibilidad de transformarse
en otras idiosincrasias a partir de la propia negación
de una sola idea de realidad. Es decir que plasma signos
de culturas primitivas porque son como ¡conos que
nos conducen a otros mundos; refleja la concepción
abstracta por sentido común, producto de una visión
cosmopolita, sin dirección de terminada, dado que
es las energías diferente que se definen así
mismas.
Constatamos una porción de verdades encerradas
en la propia verdad entendida en mayúsculas, considerada
como el gran ente universal que nos permite trascender.
Existe la verdad a partir de la negación de lo
unidireccional. No somos subjetivos, si no que nuestra
conciencia es única, distinta, armónica,
posicionada al margen de los agrados y ala vez relacionada
con la espiritualidad.
No plasma la evidencia, si no la complejidad de las cosas,
la heterodoxia de las-energías, la confluencia
vitalista y catapulta las utilidad de lo evidente, en
aras del cambio, de la franqueza en viajar a otros mundos,
porque existen aun que no lo veamos.
La complejidad es concreción, porque todo tiene
un porqué, una causa y su correspondiente efecto.
La vida no es unidireccional, no consiste en una serie
de reacciones unilaterales, siempre tiene en cuenta el
todo, dado que la suma de energías es la forma
la gran energía. De ahí que 1 a pintura
de Marco Martínez evoluciona hacia postulados de
una gran estructuración, en lo que más simple
surge de la propia falta de visión de lo lateral.
Hay que integrar de manera cosmopolita la posición
más estructurada, en el sentido de alcanzar visión
sutil a partir de la prodigalidad de materia y forma,
con incidencia del color, nutrido de sensualidad. Plasma
la variabilidad de lo superfluo, la persistencia de la
memoria en lo recurrente. De ahí que se sumerja
en la finalidad de las cosas, en la trascendencia de la
vida pictórica, en las utilidad común de
lo intuido que descansa en la propia fuente contenida
en los vericuetos de la libertad. No hay razonamiento
inherente, horizonte elegante, si no concepto en si mismo,
que descansa en su propia raíz, aquella que nos
permite recuperar instantes del pasado perdidos, momentos
emplazados en voluntades que viajan a través de
conductos distintos de los ortodoxos, es decir de paralelismos
que se sitúan a partir de la propia efervescencia
de la vida. No tiene una clara intención de asumir
vida, sino de constatar hacia donde se dirige realmente
el laberinto que nos conforma. La materia es organicidad,
los signos son cultura, la unidad de ambos conforma el
espíritu que todo lo conduce, porque en la pintura
de Marco Martínez descansa la visión más
grande, precisa y evidente de lo laberíntico.
La existencia es como las caras de un dado que cambian
según la posición que adopta debido ala
energía empleada por el interviniente. La pintura
del creador sudamericano cambia según la visión
del espectador. Todo es problema de energías.
Joan
Lluís Montané
(De la Asociación Internacional de Críticos
de Arte)