Después
de esto, puedo sentirme afortunada al poder escribir hoy
acerca de Nikko, este artista luxemburgues, que actualmente
vive y pinta, en su casa taller de Alemania y que nos
sorprende con su nuevo trabajo, llenando de luminosidad
y esplendor la vista de cualquier espectador.
Este hombre polifacético
al que tengo el honor de conocer desde hace ya cinco años,
llega en estos momentos a alcanzar, un logro personal
muy importante en su vida, como es, poder dedicarse por
completo al mundo de la pintura. Por fin consigue uno
de sus sueños, y eso se hace latente al poder contemplar,
la libertad en el ritmo de los movimientos que traza y
plasma en esta nueva obra que hoy nos presenta.
En estos cinco años transcurridos, he podido admirar
y comprobar como se ha ido definiendo y enriqueciendo
su obra cada vez más, hasta llegar a esta sorprendente
y energética muestra de su arte.
Durante los anteriores
años, sus pinturas nos mostraban el dominio de
una armonía cromática delicada y de ensueño,
que generalmente usaba para crear, composiciones sencillas
y semiabstractas, e incluso, efectos que asemejan con
sus elementos fluidos, laberintos con un contenido que
deriva de una imaginación fantástica y ensoñada
por este artista.
Composición
del laberinto espiritual, que se mueve en realidad, con
certeza y fuerza inagotable hacia delante y hacia arriba.
Ser artista espiritual sin vacíos de sus proyecciones,
atractivo y grotesco de sus fuerzas, así como de
sus ilusiones, por dedicarse a la pintura, para de tal
modo encontrar y manifestar su arte verdadero, de una
forma visible y evidente.
Ahora su obra
ha madurado un poco más, ha evolucionado, aplicando
nuevos elementos que surgen tras la investigación
de su nueva técnica. Por lo tanto, esta composición
nace, por esa inquietud de efectuar lo espontáneo,
lo natural, el reflejo del momento presente, la conexión
máxima entre el espacio y él.
De esta manera
se produce un arte específico que no puede ser
repetido y de ahí se explica parte de la simpatía,
que Nikko muestra por crear lazos con lo espiritual.
¿Es espíritu lo que la mano no puede tocar?
Aquí, en esta parte de la obra se puede palpar
el positivismo como producto del espíritu, que
se transforma en una plástica definida solo perceptible
a los sentidos refinados, no a los toscos.
Resulta claro
que la belleza de origen espiritual, es la filosofía
que el artista incluye en esta nueva etapa, con una apreciable
lectura de poética visual.
Grafismos (laberintos), abundantes texturas, así
como, componente fundamental, los copiosos estallidos
de color, que a través de líneas curvas
y sinuosas, expresan una verdad contenida en ellas.
Armónicos
y desordenados chorros de brío expresan una belleza,
que no es otra, que la del alma del autor, que con una
gran generosidad plástica y visual, nos invita
con su esencia a brindar por el encuentro, por el tiempo,
por la energía y la vitalidad que se respira, al
poder contemplar y admirar esta nueva obra de Nikko.
Eva San Gil