ATENEO DE MADRID

2007

 

 

 

 

 

 


Exposiciones febrero 2007

SALA DE EXPOSICIONES
Sala Santa Catalina. C/ Santa Catalina 10.
De lunes a viernes de 17 a 21.00 horas.
Cerrado fines de Semana
Sección de Artes Plásticas
Sala Santa Catalina.
FRANCISCO CRUZ DE CASTRO
EXPOSICIÓN DE PINTURA
Del 1 AL 23 DE FEBRERODE 2007

Inauguración: 1 de febrero, 20.00 horas

Reloj de arena
Máscara
En la década de los años sesenta del pasado siglo XX, el Ateneo de Madrid disponía de dos salas de arte para su política expositiva: la Sala del Prado, para artistas noveles, y la Sala Santa Catalina para artistas consagrados. Ambas salas figuraban a la cabeza del panorama madrileño del arte de vanguardia que, por aquel entonces, trataba de acercarse con muchas dificultades a la modernidad europea, al propio tiempo que intentaba soltar el lastre de una cultura ramplona de post-guerra. El Ateneo tuvo una gran influencia en los cambios artísticos que entonces se iniciaban y que ya no habrían de parar hasta nuestra plena incorporación a Europa, y ello fue debido al acierto de arriesgarse con exposiciones rompedoras, inéditas para nuestra retina, de artistas, tanto nacionales como de otras latitudes, con trayectorias contrastadas internacionalmente, que, ante la falta de información de lo que se estaba haciendo fuera de nuestras fronteras, significó un autentico revulsivo en el mundo artístico. No hay mas que repasar los catálogos de ambas salas para apreciar esta influencia , que el paso del tiempo ha engrandecido aún más, si cabe. Las inauguraciones de las exposiciones en el Ateneo levantaban gran expectación, constituyendo no solo un acontecimiento artístico, sino también un auténtico acontecimiento social en el ambiente madrileño. El exponer en el Ateneo llegó a significar un antes y un después para las carreras de los artistas.

Yo tuve el privilegio de exponer en la Sala del Prado, en el mes de febrero de 1966, presentado por Manolo Millares, pintor afamado ya en aquellos años y reconocido internacionalmente.

Mi obra de entonces estaba inmersa en los parámetros del arte Pop, pero muy distanciada del Pop americano de la publicidad y de los escaparates. Se trata más bien de una pintura de corte neorrealista, con connotaciones elocuentes de la miseria, la pobreza, la vida de necesidad.

Todo ello a través de una materia rica en su elaboración, pero enormemente castigada, agredida, erosionada, con la incorporación de objetos encontrados, producto del deshecho.

Pues bien, cuarenta y un años después, y también en el mes de febrero, vuelvo a esta casa a la que me siento enormemente vinculado, ya que en ella ha transcurrido gran parte de mi juventud y de mi vida de estudiante. Son muchas horas las vividas en el viejo caserón de la calle del Prado enriqueciéndome humana e intelectualmente en mi condición de ateneísta. Pero vuelvo, cumpliendo un viejo anhelo, para exponer mis trabajos en la mítica Sala Santa Catalina, que sigue viva y con impulsos renovados, tratando de dar continuidad a su rica historia.

Mi obra actual, como no podría ser de otra manera, tiene diferencias sustanciales con la de entonces. Ha transcurrido un tiempo bastante dilatado de historia personal y colectiva, y en mi trayectoria artística se han sucedido diferentes etapas respondiendo a las propias exigencias, tanto artísticas como personales, y a los condicionamientos inexorables del entorno socio-cultural. Pero hay una constante que prevalece en mi pintura: una preocupación muy marcada por centrar la expresividad de la obra en la propia expresión del material pictórico, y la utilización de una gama de color asordada, rica en matices, pero dentro de una tendencia monocroma, donde las tierras, los sienas y los ocres predominan con el contrapunto de los verdes y los rojos y, naturalmente, siempre cerca los blancos y los negros.

Algunas características cabría señalar de la actual etapa. Se trata de una obra de referencias, no de presencias. De esquemas más que de argumentos. Es el proceso acaecido en el tiempo lo que interesa, la huella dejada, no la historia. Es el tiempo, en definitiva, como protagonista.

Un tiempo que, posiblemente, en su transcurrir haya ido dejando jirones de radicalismo, abandonando dogmatismos huecos, y adoptando, cada vez más, criterios de relatividad, para dar respuesta, siquiera sea por aproximación, a las interrogantes que continuamente nos planteamos.

Francisco Cruz de Castro
Madrid, 2007

Información: Prensa Ateneo. Olga López. 91.429.17.50. Ext. 5

Nota de prensa

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