... y mis ojos se cubrieron
de ruido. Un ruido saturado de blanco y negro, de líneas,
de mugre urbana, de un lenguaje de signos que alimentan
el tapiz urbano que mis pies matizan para mis sentidos.
Señales que rasgan el día
y nos dirigen, siendo parte de la jauría cotidiana
del devenir transeúnte. Máquinas y hombres
transforman la ciudad, se mueven y la integran, escribiendo
su lenguaje en el asfalto.
Un abrazo,
Manuel Mochales