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El
artista sevillano muestra en su pintura una naturaleza de
fluidez y un desparpajo del color y formas, entendidas desde
cierto salvajismo liberador, desenajenante, ursurpador de
estéticas o pragmáticas artísticas
como las propuestas en un inicio por el constructivismo
o los colorismos o las planimetrías del Pop Art.
Su seguimiento de los usos
del color se hace desde una óptica nada pretenciosa,
referente de una creatividad impregnada de fuertes dosis
lúdicas. Sus collages fantásticos reflejan
su profundo conocimiento de la composición geométrica
y las variedades cromáticas.
Su
trazo jovial y siempre jocoso nace de su raíz folclórica
andaluza, aflamencada, barrocamente decorativa, festiva
y carnavalesca.
Verdugo
prefiere la simpleza terapeútica de la sinceridad
del que pinta porque necesita comunicarse sin buscar una
trascendencia innovadora en el acto de la creación
o en el lenguaje artístico.
Destacan
sus obras realizadas en tela de arpillera. Ejecuta una pintura
de la mesura al alcanzar un resultado táctil obviando
la solidez de su soportes al violentarlo con cientos y miles
de veladuras que tupen y sellan la arpillera, para hacer
del cuadro una especie de lacado artesanal que ofrece una
plasticidad casi maniática de la obra como objeto
final.
Ateneo
de Madrid. Prensa. 91.429.17.50 ext. 5
Nota
de prensa
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