A
modo de presentación
"No
te metas en dibujos, ni en saber vidas ajenas, que en
lo que no va ni viene pasar de largo es cordura "
aconseja
Cervantes en "El
ingenioso hidalgo Don Qujote de la Mancha" y
con ese título yo pinté dos cuadros, Pero
como probablemente, haya alguien que no quiera pasar de
largo ante mis cuadros y desee saber algo más sobre
el autor, ahí van unas pocas líneas sobre
mi vida y andanzas.
Nací
en Madrid el 24 de noviembre de 1935. Estudié Ingeniería
Industrial en Madrid, Producción Industrial en
Estocolmo, Administración de Empresas en Manchester
y Gestión de Empresas Industriales en Cleveland.
De mi vida como estudiante recuerdo, sobre todo, mis viajes
por Europa y Estados Unidos de América y la sensación
de sentirme en casa tanto en Estocolmo, como en Madrid,
New York, Londres o Paris.
Cuando
volví de Estados Unidos, comencé a trabajar
en una gran empresa multinacional en el campo de los ordenadores
y la informática y allí estuve durante diez
años alternando mi puesto de Director del Departamento
de Educación con el de profesor universitario en
Análisis de Sistemas. Era la época de los
primeros ordenadores, que ocupaban enormes instalaciones,
y era fascinante desarrollar nuevas y cada vez más
complejas aplicaciones. Yo la recuerdo como una etapa
tranquila e interesante de mi vida con muchos cursos,
seminarios y congresos.
Sin
embargo, en 1972, pasé a ser Director de una empresa
de Comercio Internacional y mi vida profesional se convirtió
en la típica de un directivo internacional con
continuos viajes en avión, negociaciones, conferencias,
reuniones y esporádicas visitas a los museos. Esta
vida profesional tan viajada y agitada tuvo la ventaja
de permitirme conocer culturas muy diferentes y me dejó
un sentimiento de la vida, el arte y los negocios profundamente
internacional y universalista.
No
recuerdo exactamente cuando pinté mi primer cuadro.
Debió de ser hacia 1984 y lo que sí recuerdo
fue la enorme satisfacción que me produjo verlo
terminado. En aquella época yo era Director de
una empresa internacional y vivía en una constante
negociación con directivos, autoridades, empleados,
mi esposa alemana y mis hijos. Hiciera lo que hiciera,
y por mucho cuidado que pusiese, siempre había
alguien que protestaba. Por eso, para mí era un
inmenso placer mezclar los colores alegremente y sin preocupación,
dar largos brochazos sin especial cuidado, soltar mi intuición
e imaginación, cambiar los materiales y los estilos
y el cuadro no sólo no protestaba, sino que además
me devolvía una imagen que a mí me parecía
llena de gracia y colorido.
De
esta forma, mis primeras pinturas nacieron como un grito
de rebeldía hacia una situación profesional
que me oprimía. Aquellos primeros experimentos
con pintura y cemento eran una mezcla de diversión
y entretenimiento que me llenaba de satisfacción
y, todavía, alguno de mis primeros cementos figuran
entre mis obras favoritas.
A
partir de 1987, mi vida profesional se fue relajando y
me dediqué a lo que había sido una de mis
más queridas ocupaciones. Volvía a ser profesor.
Mi vida era mucho más tranquila y yo podía
dedicar gran parte de mi tiempo consciente a mis tres
actividades favoritas: Pasear, pensar y pintar. Además,
me permitía mantener el contacto con los jóvenes
para intentar no convertirme en un anciano solitario,
egoísta, soso y aburrido.
Hoy
me gustaría mencionar especialmente los 59 cuadros
pintados en la colección "Homenaje a Don
Qujote de la Mancha". Durante mucho años
las hazañas del "Ingenioso Hidalgo" han
sido mi libro de cabecera y, como profesor, muchas veces
he comentado los consejos que D. Quijote dio a Sancho
Panza cuando, por burla, le hacen gobernador de la ínsula
Barataria. Consejos que, según Cervantes, "merecen
estar estampados y escritos con letras de oro" y
yo decidí que también merecían ser
pintados.
Que
mis cuadros gustaran o no, es un asunto que nunca me ha
preocupado. Yo pintaba y pinto para mí y, hasta
ahora, había mantenido mis obras en secreto. Sólo
mi familia, mis alumnos y algunos amigos conocían
una pocas de mis obras. La gran mayoría permanecía
guardada y yo no tenía ninguna prisa por darla
a conocer. Sin embargo, en abril de 1998, he creado Gondel
Foundation cediéndola toda mi obra (unas 400 pinturas)
y autorizándola para donar un tercio de las obras;
vender otro tercio y mantener el resto.
Estos
dos últimos años, ya jubilado, estoy pintando
mucho menos y los estoy dedicando fundamentalmente a catalogar
mi obra para exponerla. Además, estoy descubriendo
el gusto por las Estampas Digitales. Son imágenes
basadas en mis pinturas y tratadas por ordenador con unos
resultados que, por lo menos a mí, me parecen muy
satisfactorios. Las primeras colecciones han sido donadas
a la Biblioteca Nacional, donde ya están catalogadas
y pueden ser consultadas en la Sala Goya de Grabadores
Contemporáneos, y a la Calcografía Nacional
de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Me
gustaría que quienes vean mis obras, disfruten
tanto al verlas como yo he disfrutado al pintarlas.
Y
quiero terminar esta presentación con otra frase
de Cervantes que yo también he pintado y que deseo
a todos los que vean mi obra: Dios te dé salud,
y a mí no olvide.