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Juan
Eizaguirre (Madrid 1944) de ascendencia vasca, injertado desde
su infancia en San Sebastián, con sus ojos y sensibilidad
muy abiertos en esos años decisivos, estudió
en Madrid, con regresos anuales a su San Sebastián,
en aquellos veraneos largos de antaño. Arquitecto urbanista
(1971) destacó en ordenación del territorio,
edificación y restauración de edificios histórico-culturales,
tanto como profesional libre, como en importantes empresas
(Butano o Repsol) en las que alcanzó merecido reconocimiento
como creador de identidad e imagen corporativas.
Su afición por la pintura, despierta desde niño,
cristalizó en 1978 con sus primeros paisajes urbanos
del barrio de Salamanca y Chamberí, expuestos con éxito
en Madrid y Barcelona. Juan Eizaguirre apareció entonces,
en boca del crítico A.M.Campoy, como cronista de Madrid,
"arquitecto y acuarelista, sobrio pintor y expresivo
dibujante"
Volvieron pronto los ecos de su infancia donostiarra en otra
exposición de 1991, de la mano de Peironcely con el
paisaje urbano de San Sebastián, sus casas, sus barandillas,
sus puertas, los faroles del Kursaal, etc.
Ha expuesto individual o colectivamente en numerosas ciudades
y galerías. Sus primeras individuales fueron en Madrid
y Barcelona en los años 1982 y 1985. Las más
recientes (2005 a 2008) en EEUU (Miami, Nueva Cork, Las Vegas)
en Milán, San Sebastián y León.
Para mí, como veterano ateneísta, es gran satisfacción
ver a Juan Eizaguirre en nuestra sala de Santa Catalina, descubridora
de altos maestros contemporáneos. En las obras ahora
expuestas, casi todas de 2007, apreciamos una clara maduración
y coherencia interna con sus propuestas anteriores y un compendio
de su trayectoria.
Reaparece aquí su característica línea
"zuriurdin", de delicados blancos y azules en sus
últimos desenvolvimientos y también sus singulares
y premiadas escolleras, con un tratamiento más ahora
más conceptual de la imagen. Se acompañan también
pequeñas esculturas, muy felices en sus proporciones
y tonalidades, junto a una muestra de blancos y negros emparentada
con las escolleras, así como un apunte brevísimo
de su última etapa, consagrada a lo que denomina "autorretrato
interior", con claro trasfondo autobiográfico
Encontramos el hilo conductor en los temas abordados y su
tratamiento conceptual. Predomina en el conjunto la técnica
mixta y el collage a base de acrílico. Se exponen una
veintena larga de obras.
Entre ellas destaca el mural Zuriurdin, sobre tablero, con
líneas blancas y azules y toques numéricos rojos
y verdes. Próximo a él aparecen otras dos, "desconstrucción"
por elementos del proceso creador seguido: así el díptico
a base de serigrafías estampadas con carbón,
acuarela y golpe en seco, muy blancas y cuyas formas se adivinan
en el mural; o la otra serigrafía con formas de las
carpas del mural, en blancos sobre blancos y tres tiras, reveladoras
de los dibujos que dieron origen al díptico y, en especial,
al mural.
El protagonismo de las escolleras aparece como desde el vestíbulo
con esas dos, de lonas tintadas y colores básicos,
azules, amarillos y verdes, realizadas en volumen. Y más
arriba podemos contemplar el cabal desarrollo de su recurrente
idea en cuadros de temas similares, abstracción de
rocas y escolleras, alguna de ellas (Hormigón en bloques
del paseo nuevo. Escollera para reventar olas. San Sebastián),
muy lograda y atractiva, en aproximación más
realista, que marca la última evolución del
artista en el tratamiento del tema.
En definitiva, esta muestra de Juan Eizaguirre nos vuelve
a proporcionar un alto ejemplo de abstracción geométrica,
de búsqueda de nuevos ritmos y combinaciones personales
de líneas, figuras y colores con una maestría
y equilibrio admirables.
Juan Antonio Ortega Díaz-Ambrona
9-04-2008.
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