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BiBLiOFiLiANA III

Destacamos este mes, entre las revistas de humor que conserva la biblioteca: La Hoja de Parra.

Pertenece La Hoja de Parra a esa gran familia de revistas pícaras y hasta sicalípticas, que invadieron las prensas españolas durante décadas y contribuyeron a crear todo un género literario, la literatura galante, que fue cultivado por grandes y numerosos autores, algunos de mucha calidad literaria y muchos de ellos muy buenos escritores.

Vistas hoy, de nuestras perspectiva, estas revistas, y en concreto La hoja de parra, pueden considerarse como un claro antecedente de la hoy llamada y abundante prensa del corazón, con una diferencia a favor de aquellas viejas, y sin embargo muy vivas revistas. Si repasamos sus páginas vemos que en ella colaboraban los más grandes escritores del momento: Jacinto Benavente, asiduo colaborador; Felipe Trigo, Joaquín Dicenta, Eduardo Zamacois, Hoyos y Vinent, Ramón Gómez de la Serna y un largo etcétera. Y de manera esporádica hasta Blasco Ibáñez, Luis Bello, Ramiro de Maeztu, los hermanos Alvarez Quintero y hasta Don Benito Pérez Galdós.

La Hoja de Parra (al menos la colección conservada en nuestra Hemeroteca) duró dos años, 1911 y 1912. Los editores y promotores, Antonio Lezama y Gómez Hidalgo y el director, al menos en funciones fue el periodista Carlos Miranda. Los tres supieron llevar la revista a un éxito sin precedentes: en el número 68 de 17 de agosto de 1912, se nos dice que la revista ha alcanzado la cifra de 67.000 ejemplares, lo que para una publicación semanal ni en esos ni en éstos tiempos está nada mal.

portada

La maqueta de la revista se conservó siempre. Bajo el título, una ventana con el retrato de una cupletista y el rótulo: Caras bonitas. Otra sección que se mantiene es la de Nuestras cocotas, por la que desfilan las más singulares y procaces artistas del momento.

En sus primeros números se piden confesiones amorosas a las más populares vedettes, y así desfilan Consuelo Portela, La Chelito; La Goya y muchas otras cuyos nombres artísticos no nos dicen hoy nada. Igualmente desfilan las confesiones de los toreros, los grandes conquistadores de esos años, y los artistas, como Chicote.

Casi todos los números eran ilustrados por el caricaturista Antonio Tovar, gran dibujante lineal y acertado chistoso.

La Hoja de Parra contaba con un poderoso enemigo: la liga antipornográfica, que dirigida por sesudos y ancianos varones denunciaba al fiscal la mayoría de sus números. Esto no arredraba a sus esforzados paladines, que publicaban número tras número, las postales que circulaban por Madrid y que eran denunciadas en el propio Senado por los carcamales de tan curiosa y anticuada asociación.

Como curiosidad que atañe a esta casa, en el número 2, del 13 de mayo de 1911, aparece un artículo formado por el periodista Javier Bueno, titulado La Fornarina en el Ateneo.

La fornarina en el Ateneo

“La gentil diseuse ha visitado la docta casa.

Lo que yo puedo asegurar, es que los retratos de los ilustres varones que adornan los muros de la galería han tenido una sonrisa picaresca. ¡La Fornarina y en pleno mes de mayo!”. Pero si con la visita ha salido ganancioso el Ateneo, también la aplaudida divette ha tenido ocasión para un recreo espiritual. La Fornarina ama los libros”.

Lo que hoy nos sorprende de La Hoja de Parra es la cantidad de grandes escritores que se dedicaban al género galante. ¡Hasta don Benito Pérez Galdós no duda en dar su colaboración a una revista de estas características!

De estos grandes escritores es Ramón Gómez de la Serna el que colabora más asiduamente. Bien es verdad que en aquellos años Ramón era todavía un jovencito que buscaba su propio estilo y que no desdeñaba medio público alguno. Su primera colaboración (24-6-1911) significa-tivamente titulada Cinturones de castidad, recorre la historia de tan nefandos instrumentos, “lo más sórdido de la pornografía”, hasta su completa y total erradicación.

Rareza y curiosidad son las confesiones amorosas del más famoso y casi último bandido Joaquín Camargo El Vivillo, escritas en primera persona. “Mujeres hubo –cuenta- que, dominadas por su extraña curiosidad, me escribieron cartas dándome citas y brindándome amores. (...) El amor requiere quietud, necesita tranquilidad, exige tiempo. Yo he tenido que contar los minutos por horas, y los días por años, y he tenido mis amores, sí, pero amores relámpagos”.

Chiste

En este tipo de revistas cabía todo. El retrato, la caricatura, el chiste (un tan si no es grosero), la poesía amorosa, epigramas, sucedidos festivos, el artículo serio y ponderado, escenas teatralizadas y así hasta el infinito.

También es preciso señalar la presencia de los bohemios en sus páginas. Todo un personaje tan atractivo como Pedro Luis de Gálvez colabora con cuentos y algún que otro poema dedicado, ¡cómo no! a la sin par mujer española representada por Carmen, con los tópicos poéticos y de todo tipo que acompañan al mito nacional:

"

La poética Florida te recuerda en un fresco.
Te brindó Pepe-Hillo su más grande proeza.
Y un príncipe poeta cantó la gentileza
de tu andar menudito, gracioso y picaresco.

"

Si hemos de dar crédito a su promotor Manuel Gómez Hidalgo, que regaló y dedicó la colección al Ateneo de Madrid, muchos de estos cuentos y estos chistes fueron escritos en sus aulas: “A la Biblioteca del Ateneo, sobre cuyos pupitres fueron escritos casi siempre, esos cuentos y esos chistes... Gómez Hidalgo”.

Chiste-hablando-por-teléfon

Nada más instructivo, más ameno, más delicioso, que pasar la vista por las páginas picaronas, pero a la vez ingenuas, de estas viejas revistas que iniciaron a nuestros abuelos en lo que hoy, cursilonamente, se llama sexología. Nada más delicado que esos chistes, que para colmo dibujaba Tovar, de doble sentido, de intención picaresca y de lenguaje callejero, con el que los chulos de entonces se dirigían a las rellenitas damas de entonces. Y donde se denunciaba la hipocresía de las clases dirigentes que perseguían con saña tan celebradas, e inocentes para nuestros perdidos ojos de hoy, y frescas publicaciones:

“-Arturito, ¿con qué usted es también de la Liga?...
- Eso dicen, pero si usted se empeña me desligo...”.

José Esteban

Si ha despertado su curiosidad y quieren ver los retratos de los toreros y vedettes de la época ligeritas de ropa, sus chistes e historietas, pueden verla en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

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