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Luces de Bohemia: 100 años de esperpento

Luces de Bohemia

En 1920 el semanario España publicó por entregas Luces de bohemia, cuya versión definitiva se editó en volumen en 1924.

El término esperpento aparece como concepto estético en la escena XII de Luces de bohemia, a través de la conversación joco-seria del ciego Max Estrella y su lazarillo, Latino de Hispalis, que deambulan por las calles de un Madrid “absurdo, brillante y hambriento”. Esa conversación comienza con la afirmación de que “la tragedia española no es una tragedia”. Con ella Valle-Inclán apunta la idea de que la realidad española de la época es ridícula, absurda, “unadeformación grotesca de Europa”, de modo que para expresarla literariamente no se pueden utilizar los recursos de la tragedia clásica, que es sublime, y sus protagonistas héroes. Imágenes.

Valle recurre a los espejos cóncavos del callejón del Gato, en la madrileña calle Álvarez Gato, próxima a la plaza de Santa Ana. Los espejos cóncavos, deformantes, le sirvieron de inspiración para definir el esperpento, en boca de Max Estrella:

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“El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato… Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”.

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Max y los personajes que le rodean nos acercan a la bohemia madrileña. Los bohemios son pobres, rechazan la sociedad burguesa, la literatura y el arte oficial. Viven en un mundo colindante con los marginados, prostitutas y delincuentes. Critican el poder establecido y a los políticos de la época.

Luces de Bohemia

Valle presenta a Max como un héroe clásico: su cabeza rizada, de carácter clásico-arcaico, recuerda a Hermes. Max tiene ingenio, inteligencia y talento, pero no tiene éxito como escritor; ahoga su desesperación en el alcohol. Es irónico y sensible a la injusticia. Max Estrella es un poeta ciego. Los críticos afirman que representa al escritor bohemio Alejandro Sawa -amigo de Valle y Rubén Darío-, que vivió en París, conoció a Victor Hugo, y murió en Madrid ciego y loco. Para muchos, Max es también la voz del propio autor.

Casi todas las anécdotas que Valle relata en la obra son hechos acaecidos a Sawa o a él mismo, pero alterados estéticamente; tratados de forma “esperpéntica”.

Latino de Hispalis es el acompañante de Max. Su amistad con el poeta no es sincera. Él y Zaratustra, el librero, le engañan cuando lleva a empeñar algunos libros, y no dice nada a la mujer de Max cuando, fallecido éste, el billete de lotería que le sustrajo resulta premiado. Latino de Hispalis es un cínico. Su lenguaje está lleno de ironía y de modismos madrileños.

Valle-Inclán

Valle, en el esperpento, opta por enfocar el mundo y sus personajes desde el aire, se convierte en una suerte de titiritero que mueve los hilos de su tabladillo; los personajes pierden su grandeza para convertirse en muñecos, peleles. El mismo principio de subversión de las normas clásicas lo aplica al lenguaje; los registros del habla popular, vulgar y desgarrada, y de la culta, aparecen en la obra, en un esfuerzo fascinante por captar la lengua viva.

Pero detrás de lo grotesco y lo absurdo se vislumbra siempre una situación dramática. Sobre esta frontera indecisa entre tragedia y farsa se construye el esperpento; la tragedia de España se convierte en espectáculo inquietante pero cómico. Todos los elementos del esperpento -personajes, ambientes, palabras y gestos- sirven para proyectar toda la vida miserable de España.

Luces de Bohemia

En Luces de bohemia, a lo largo de 15 escenas, el lector/espectador acompaña a Max en su recorrido por Madrid, hasta morir aterido de frío. Ese periplo permite el desfile de un variopinto abanico de personajes, ambientes y situaciones; la burguesía, los pequeños comerciantes y a las prostitutas, la policía, los modernistas y la bohemia, la redacción de un periódico, la cárcel, tabernas, las calles… y multitud de pequeñas alusiones históricas, para condensar un mundo caduco... Una España en trance de ruina, pero brillante en apariencia.

Unamuno describió a Valle como un hombre de teatro y, efectivamente, con sus aproximadamente 20 obras se convirtió en el máximo innovador de la escena española. No le preocupaba que las obras se pudieran representar o no, de manera que tenía libertad para experimentar técnicas o romper con formas estereotipadas.

Valle no vio representada Luces de bohemia, ni gran parte de su obra dramática. En su época se consideró una obra irrepresentable, por la gran cantidad de escenas y personajes que se manejan. Durante la dictadura franquista se solicitaron, en varias ocasiones, los permisos para su exhibición. El público español tardó 50 años en ver sobre un escenario el texto íntegro de Luces de bohemia. La obra se estrenó en 1970 en Valencia y en 1971 en el Teatro Bellas Artes de Madrid, dirigida por José Tamayo.

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Rubén Darío le dedicó un soneto: “Este gran Don Ramón de las barbas de chivo, cuya sonrisa es la flor de su figura, parece un viejo dios, altanero y esquivo, que se asomase en la frialdad de su escultura…”

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