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Pieza del mes noviembre 2011

  • La pieza
  • Biografía
  • El cuadro
  • Biografía del artista
  • Ficha técnica
    • Jarrones, Pickman de La Cartuja de Sevilla

      Introducción

      Han sido testigos mudos de las grandes veladas de tertulias y debates que se realizaron en la sala que los acoge, La Cacharrería. Sus mascarones, a modo de faunos, clavaron su mirada a los ilustres personajes que desde finales del siglo XIX desfilaron ante ellos y, sus paredes de barro, guardan los ecos de aquellas conversaciones y acontecimientos históricos. Siempre han estado ahí presentes, inalterables al paso del tiempo y con cierto aire de guardianes.

      Su imagen ha sido captada en innumerables fotos que han reproducido La Cacharrería a lo largo de estos años. Siempre en la misma ubicación, sus cuerpos globulares hacen barrera entre el último tramo de La Cacharrería (actual despacho de Manuel Azaña) y la salita decorada por las pinturas de Madame Anselma.

      A pesar de su fragilidad, han sobrevivido a lo largo de más de un siglo sin señal alguna del paso del tiempo en su superficie.

      La Pieza

       

      Conjunto de dos piezas de loza esmaltada pertenecientes a la fábrica Pickman de La Cartuja de Sevilla. Ambos presentan forma de ánfora con la superficie totalmente decorada –a la manera de candelieri– con grutescos, siguiendo las tendencias Neo-renacentistas tan de moda a finales del siglo XIX. Un abigarramiento de mascarones, cabezas de fauno, trofeos y decoración vegetal a modo de roleos, llenan la superficie en una perfecta simetría y destacando en tres bandas compositivas. La banda de base de las ánforas presenta una decoración donde destacan recortadas unas cabezas femeninas a la manera clásica. Tonos cálidos y contornos recortados hacen que la decoración tenga entidad por sí misma. La alta panza del ánfora es protagonista por el cambio cromático de los engobes, donde el blanco –con efecto craquelado– sirve de base a una decoración figurativa donde dos “bichas” custodian una crátera que recoge frutos en su interior. Estas bichas se oponen a las cabezas de fauno que protagonizan el lado contrario. El cuello y embocadura vuelve a repetir los esquemas presentados en la base del ánfora, cambiando las cabezas femeninas por motivos vegetales continuos.

       

      Formalmente es un alarde técnico en relación no sólo al uso del color o la composición de los motivos, sino a las propias técnicas cerámicas donde la presencia de la llamada “cuerda seca” (reserva de contornos libres de engobes) delimita todo motivo decorativo.

      Ambas piezas se alejan bastante de las morfologías o estereotipos producidos en estos años por La Cartuja de Sevilla, clásicos que se reviven hasta nuestros días. Estas decoraciones están más cercanas a las producidas por los alfareros del sevillano barrio de Triana, por lo que entroncan más directamente con la estética de la cerámica popular.

      A la hora de atribuir la obra, a un artesano y diseñador de La Cartuja de Sevilla, nos inclinamos por el nombre de Manuel Tortosa –uno de los artistas que más relevancia tuvieron a finales del siglo XIX en la fábrica de loza– quien bien pudiera haber firmado el diseño de estas ánforas.

      Las piezas quedan inventariadas desde principios del siglo XX, sabiendo de su existencia desde la década de 1880, cuando entraron a la colección del Ateneo de Madrid, seguramente para decorar el nuevo edificio de la institución. Fueron donadas al Ateneo de Madrid por Rafael de León y Primo de Rivera, Marqués consorte de Pickman.

      Ambas piezas descansas sobre pedestales hechos a medida don motivos decorativos de roleos y estrellas de cinco puntas con sendas cartelas identificativas en bronce con el grabado “Donativo del EXCMO. SR. Marqués de Pickman. Cartuja de Sevilla”.

      Charles Pickman, I Marques de Pickman

       

      En 1822, Carles Pickman llegó a la ciudad de Cádiz para continuar con el negocio familiar que se había emprendido en los inicios del siglo XIX: la exportación de cerámica inglesa. Vajillas y otros objetos cerámicos tenían amplia demanda en el mercado español de la época que prefería la estética inglesa –más refinada– a la ya típica española.

      La implantación de aranceles (y por tanto menores ganancias) hizo que la familia Pickman decidiera ubicar en territorio español una fábrica de loza para seguir produciendo los objetos cerámicos que tanto éxito alcanzaban entre las clases sociales altas españolas. Charles Pickman, aprovechando la Desamortización de Mendizábal, instala en 1841 su propia fábrica en el antiguo monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas, comenzando así la producción cerámica conocida popularmente con el sobrenombre de “la Cartuja de Sevilla”.

      La implantación de nuevas maquinarias pronto distinguen esta cerámica de las elaboradas por otros talleres geográficamente cercanos, lo que contribuye, en gran manera, al éxito de la producción y las ventas.

      Con la llegada de la segunda mitad del siglo XIX el éxito es imparable y Pickman vivirá uno de sus mejores momentos. Numerosos premios internacionales reconocen su calidad y diseños y en 1871 La Cartuja de Sevilla es nombrada proveedora de la Casa Real por Amadeo I de Saboya. Será este monarca quien conceda en 1873 el título de Marqués de Pickman a Charles Pickman.

      Autor: La Cartuja de Sevilla. Atribuidos a Manuel Tortosa.

      Cronología: siglo XIX (hacia1885-1890).

      Técnica: loza esmaltada.

      Medidas: alto, 95 cms; ancho (panza) 50 cms; embocadura, 29 cms; pie o base, 22 cms.

      Firmas o inscripciones: no son visibles.

      Contexto cultural o estilo: cerámica del siglo XIX.

      Exposiciones: no.

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